Crónicas de la Otra Esquina
Rafael Loret de Mola
¿Recordará la señora Espinosa, tal atildada e inútil, que en nuestro país las organizaciones civiles registran entre sesenta y ochenta mil víctimas inocentes de la guerra de Calderón supuestamente contra el narcotráfico; y que las estadísticas oficiales lindan los 45 mil muertos con los recortes acostumbrados para bajar los decibeles del escándalo? Lo más grave de esta perspectiva, vuelvo a insistir sobre ello, es que los sacrificios no han servido para nada: No disminuye el tráfico de estupefacientes hacia el norte, de acuerdo a las estadísticas del Departamento de Seguridad Interna de los Estados Unidos, con lo cual cada cruz ha sido colocada en la zona prohibida de la impunidad a donde sólo tienen acceso los grandes personajes de la vida nacional, con los ex presidentes en primer plano incluso aquellos beneficiados por su ancianidad, como es el caso de Luis Echeverría quien debió permanecer en arraigo poco más de dos años; tal ha sido el peor bochorno para un ex mandatario mexicano. En otras naciones, la aprehensión de personajes de similar talla ha vindicado las acciones democráticas; en cambio, en México, la injusticia sostenida las denigra. ¿Será lo mismo a partir de diciembre de 2012 como parte de los acuerdos de una posible segunda alternancia?
Dicen que los mexicanos son los peores propagandistas de nuestro país. Es cierto: No ocultamos, hipócritamente, cuanto sentimos en la conciencia. Si los españoles tienen capacidad para olvidarse de Franco y sus horrores, y hasta de la latente amenaza del ETA que parece dispuesta a volver a las andadas, a cambio de hablarnos de las bondades del azafrán y del llanto alegre del flamenco, los mexicanos, en cambio, llamamos a las cosas por su nombre y clamamos por una estabilidad que sea consecuencia de acuerdos sustantivos para el futuro sin dependencias de por medio. ¿O será acaso que los grandes inversionistas internacionales, en plan de comprar barato, nos hayan convertido a todos en plañideras de nuestras desgracias? El hecho es que no podemos dejar de conmovernos con las dantescas imágenes, cotidianas además, de cadáveres colgantes y ejecutados “en caliente”, además de los desaparecidos en manos de los grupos criminales más aviesos, porque sencillamente las percibimos muy de cerca y no son referente lejano... como lo sucedido en Siria.
En México, la operatividad de la justicia es al revés. Cuando visité Hermosillo, hace unos meses, no pudo substraerme de una inmensa inquietud interior, dolor diría mejor, al observar los retratos de los 49 niñas y niños quemados en la guardería ABC, mientras los responsables, por negligencia, siguen en funciones de operadores políticos al servicio del PAN. No se olvide que, además, el recuento de 79 pequeños lesionados es suficiente para señalar con dureza a Juan Molinar Horcasitas, ex director del IMSS, y al ex gobernador Eduardo Bours, quienes gozan de libertad ni siquiera condicionada. Un panista y un priísta pueden negociarse entre ellos; un trueque, digamos, bastante infortunado para la ley.
La diferencia en la actitud de los funcionarios del gabinete calderonista es patológica. Se conmueven por la tragedia de trece niños en Siria –un hecho conmovedor, sin duda-, pero se cruzan de brazos ante lo sucedido en Hermosillo bajo el flagelo de la política: No se olvide que la conflagración devastadora comenzó en los depósitos aledaños cuando algunos esbirros se apuraban quemando papeles delicados de la administración Bours. ¿No es esto suficiente para perseguir y confinar al ex mandatario que, con esta acción, prohijó la victoria del PAN en la entidad? Francamente, este columnista se sentiría avergonzado de conquistar el poder por esta ruta de ignominia.
Pero hay bastante más: dos padres de las víctimas infantiles de Sonora fueron aprehendidos por pintar leyendas frente al Tribunal Superior de Justicia en la capital de la entidad; es decir, quienes no han recibido justicia fueron condenados a la injusticia carcelaria por no olvidar a sus niños muertos. Me parece atroz, en cualquier civilización moderna, un comportamiento judicial como éste cuando, además, las mafias dominan el ámbito y las interrelaciones con ciertos gobernadores, por sendos litorales mexicanos, confirman el grado profundo de contaminación existente y que ya rebasó a los mandos castrenses.
Esto es: cuando a las cárceles van las víctimas y no los victimarios, el estado fascista impone las reglas y destruye la moral política. ¿Cómo no expresarlo en la campaña presidencial en la que los postulantes sólo buscan la manera de cubrirse las espaldas eludiendo los temas más sensibles, las heridas abiertas de una sociedad en estado de indefensión?¿Se atreverán, en Guadalajara, a señalar a los políticos de uno y otro partido, presuntos culpables de las mayores atrocidades? Así, como el genocidio de Tlatelolco –que hace llorar a López Obrador cuarenta y tres años después de consumarse-, se aplica la medicina del tiempo para hacernos olvidar y convertir a los hechos ominosos en lejanos referentes históricos... para soltar lágrimas sobre las tumbas infamadas por la impunidad.
En México se ha extraviado a tal punto el concepto de justicia que no extraña la potencialidad de las mafias ni la inutilidad de la “guerra de Calderón” que convirtió al sexenio en curso en el de la violencia. Por ello insisto en que sufragar por la continuidad política es moralmente imposible, como diría el Benemérito. Y tal se produce en el escaso juego de Josefina Vázquez Mota quien ahora se queja de la falta de presupuesto. ¿No se habrá dado cuenta de que están usando su decencia –la de ella, sólo la de ella-, para medrar detrás de bambalinas? Mucho temía que tal fuera a pasar y así lo examinamos en su oportunidad; ahora, a unos días del segundo debate entre postulantes presidenciales, ya es poco lo que puede revertirse.
No creo, en fin, que tal encuentro, programado para el domingo 10, cambie las tendencias. Es costumbre vieja, además, que quienes ganan los debates no triunfan en las urnas... desde que Diego Fernández de Cevallos se impuso a su rival Ernesto Zedillo en el primer ejercicio de esta naturaleza efectuado en el país... apenas dos meses después del asesinato de Colosio y con el país inmerso en una de sus grandes depresiones sociales y políticas. Como sucede con los seres humanos, las naciones también enferman; y aquella vez, de manera irreversible, el virus del miedo nos contagió a todos en condiciones peores a la lamentable “influenza” que dañó sensiblemente la imagen de México como si se hubiese convertido en un moderno Valle de los Leprosos. Otra de las grandes aportaciones de Calderón y sus sabios, entre ellos el doctor José Ángel Córdoba Villalobos, incapaz de frenar el cacicazgo del “Yunque” en Guanajuato y compensado por ello con la Secretaría de Educación... para entretener a la poderosa maestra Elba Esther Gordillo mientras pasa el temporal electoral. ¿Democracia?
loretdemola.rafael@yahoo.com.mx

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