El Tepache

miércoles, 8 de agosto de 2012

¿Qué quería el cumpleañero, Zapata?


El Atila del Sur no quería gobernar, no quería ser político ni codearse con los poderosos: él estaba con su pueblo; “a mí no me compran con oro”, mandó a decir Zapata a Madero.
zapata
“Señor general Zapata:
esta tropa que aquí mira,
nunca al peligro le teme,
el nombre de usted la anima;
y en los combates, cada hombre,
por cuatro se multiplica.”
  Zapata. Hombre que marcó la historia de México, o que más bien la hizo. Símbolo revolucionario que a la fecha sigue vigente y es así como parece que permanecerá. “Zapata Vive, la lucha sigue”, dicen por ahí del Atila del Sur. Rígido de apariencia en su rostro, con su nacionalidad y dignidad tan obvia. Ese Emiliano, ese Zapata, el mismo que le escribe al general Gildardo Magaña con el único propósito de publicar el Plan de Ayala, el texto que pide por la tierra de la “indiada”, sólo eso.

  Una carta enfurecida. La prensa no lo quiere  y lo anda difamando; lo llaman “bandido”. Pero qué barbaridad, qué cosa más incierta. Sin embargo le explica al teniente coronel Magaña: “Nada nos importa que la prensa mercenaria nos llame bandidos y nos colme de oprobios.” Pues es eso lo que se dice de él en esos días, lo que resuena en las casas habitadas por el temor de los Maderistas: “una mancha y ojalá y la gangrena se hubiese detenido ahí; pero lejos de eso, ha crecido y amenaza enfermar todo el organismo nacional.”. Como si se tratase de cólera en lugar de un hombre que propaga ideas y causas justas.
  ¿Qué es lo que dicen en la cámara de diputados? No hacen más que halagarlo con tan interesantes adjetivos que retumban; palabras por José María Lozano como “libertador del esclavo”, “prometedor de riquezas para todos” y el favorito que todos repiten: “un peligro social”. Ya Zapata no es un hombre, es un “símbolo.” Es lo que advierten, amenazan y temen.
  Él no quiere gobernar, no quiere ser político ni codearse con los poderosos. Mucho menos quiere el dinero. “Yo, como no soy político, no entiendo de esos triunfos a medias; de esos triunfos en que los derrotados son los que ganan…”. ¿Qué es lo que quiere, entonces, el Caudillo del Sur? Más allá de lo ya expresado en el Plan de Ayala, más allá de que quiera que se anule la elección que le dio la silla del poder a Madero; Zapata quiere sus tierras, quiere terminar con la revolución tan pronto le den los campos a la gente,  que liberen a los presos encerrados  por razones de “sublevamiento”, que Madero cumpla.
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  Una cosa hay que aclarar. Madero se decía revolucionario, al igual que Porfirio Díaz, al igual que Benito Juárez y cada que había que quitarlos, había que hacer todo un movimiento violento. Hacerlos despertar con armas y trifulcas que duraban más de 5 años y dar discursos rutinarios sobre democracia y antireelección. Explicado en palabras del líder del  Ejército Libertador del Sur: “a Madero se le creyó revolucionario, pero apenas se puso al lado de los poderosos y al servicio de sus intereses, han dejado de llamarle bandido para elogiarlo.”
  Pero este campesino no cambia de lado, no cambia intereses cuando se le pide salir de su estado natal ni del país que tiene en las entrañas. Manda mensajes, sugerencias sobre amenazas: “dígale a Gustavo (Madero) que a Emiliano Zapata no se le compra con oro.”
  Emiliano está cansado de los ataques, de las trampas. “Si no hay honradez, ni sinceridad; si teniendo aún algunos hombres armados que a nadie perjudicaban se pretendió asesinarme…”. Sólo es culpable, dice, de su osadía a exigir lo que es suyo, a exigir prudentemente lo que el pueblo también hace al pedir la claudicación de Madero. Él no perdona la traición.
  Quizá de eso tuvo culpa, pecar de inocente, actuar con prudencia como le pidieron, aún con la tentación de tener balas a la mano y el enemigo en frente. Ingenuo; creyó poder ser la voz del pueblo, escudándose con repetidas manifestaciones civiles por Chapultepec. Él no estaba sólo, argumentaba. Él sólo era un campesino, decía. Pero como va una canción moderna (muy inoportuna en tiempos): “Es difícil querer ser rey sin corona”.
 133 años cumpliría hoy otro de nuestros héroes libertadores. Que si triunfó, que si se lo permitieron o si lo asesinaron antes de tiempo, él intento. Luchó y aguantó traiciones, mentiras, asesinatos y opresiones. No fue ni un santo, ni político, sólo era Zapata, el revolucionario.
Estefanía Camacho @unaestefania


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