El Tepache

lunes, 20 de agosto de 2012

¿Estamos condenados a tener una democracia débil en México?


“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.” Víctor Hugo
POR REDACCIÓN

Varios filósofos, académicos, intelectuales, líderes de opinión pública, ciudadanos entre otros actores han intentado dar una respuesta a la pregunta si México está condenado a tener una democracia débil.


La respuesta según el estudio que realizaron Edward Glaeser y Giancomo Ponzetto, profesores de Harvard, es que un requisito inherente para el fortalecimiento de la democracia en un país es contar con una población altamente educada. En otras palabras, para que un país tenga una democracia fuerte necesita sustancialmente de una población que en su mayoría cumpla con el nivel de licenciatura mínimo. En este tenor, si nos apegamos a este requisito que se plantean en el estudio Why does democracy need education? la respuesta al contexto mexicano es que sí, México está condenado a tener una democracia débil.

Según Glaeser y Ponzetto las personas que cuentan con un nivel mínimo de educación superior tienden a participar más en la vida pública, así como las organizaciones de la sociedad civil exponen sus ideas, y aspiran a solucionar problemas sociales. Esta hipótesis es una relación que ha sido abordada anteriormente por diversos académicos como el sociólogo Seymour Lipset, quien ha probado décadas atrás la relación directa entre educación superior y fortalecimiento de la democracia.

Ahora bien, el estar condenados no es un estado inalterable, simplemente significa que si seguimos caminando en la misma carretera el horizonte no es favorable. Entonces ¿qué podemos cambiar para tomar la autopista que nos lleve a convertirnos en una democracia fuerte?

Sé que la respuesta es compleja y no debe tomarse a la ligera, lo que es evidente es que el Gobierno tiene una solución probada para fortalecer la democracia a través de la educación superior y este dedica más esfuerzos a temas coyunturales.

Si el Gobierno Federal puede invertir en educación superior y no lo hace, entonces ¿qué hace el Gobierno año con año en materia educativa? La evidencia señala que el Gobierno Federal sigue esclavizado por los intereses político-electorales de los líderes sindicales que impiden cambios estructurales en el sistema educativo en México; asimismo, la clase política con tal de no perder el poder político solamente anuncia batallas simuladas para después pactar en lo “oscurito” con la mafia del SNTE y los otros “líderes” del sector educativo.

Por otro lado, México está condenado a una democracia débil ya que los propios líderes de las universidades públicas frenan la posibilidad de crear más instituciones de calidad, como señala la reportera de Reporte Índigo Cristina López Santillán, en donde la directora general del IPN, Yoloxóchitl Bustamante señaló: “Éste es un bono demográfico, como una ola que va pasando, por eso no podemos construir instalaciones para absorberlos a todos de manera presencial, porque dentro de unos años la presencia va a bajar, y entonces, todos ésos serían edificios no tendrían utilización”.

Por otro lado, la educación superior que provee el sector privado absorbe parte de la población que es rechazada siempre y cuando cuenten los aspirantes con el capital financiero, lo cual reduce las posibilidades de los jóvenes por obtener una educación de calidad en el Tecnológico de Monterrey, ITAM, entre otras universidades debido al costo inalcanzable para los padres.

Lo más desconsolador en este contexto es que la falta de acción gubernamental en la materia no se debe a la falta de recursos, ya que México posee un presupuesto anual que quisieran disfrutar la mayoría de los países del mundo. El problema es que los responsables de repartir ese presupuesto son los diputados que responden a intereses de los partidos políticos, ya que si juegan al verdadero líder que necesita México,  ponen en jeopardy su carrera política al no existir mecanismos de rendición de cuentas directa al ciudadano como es la reelección.

Sé de antemano que no es fácil cambiar la realidad de un país pero tampoco imposible. Soy un idealista empedernido y convencido que un buen principio para cambiar de la carretera sinuosa a carretera de primer nivel, es que se elimine el subsidio a la gasolina y se invierta ese recurso en construir nuevas universidades de calidad y competitivas a nivel internacional en cada una de las entidades federativas para promover el país y fortalecer la democracia. Cuando la curva demográfica no demande el número de universidades se podrá seguramente realizar otro tipo de uso a la infraestructura que ya no se utilice para esos propósitos.

Por último, debemos sensibilizar y presionar al Gobierno Federal, al Congreso de la Unión y al Poder Judicial a que NO inviertan miles de millones de pesos en temas que no son prioritarios para el fortalecimiento de la democracia como son las campañas, aviones, bonos legislativos, salarios exorbitantes como el de los Ministros, programas sociales sin pies ni cabeza en el poder ejecutivo, entre otras tantas partidas presupuestales que no tienen otro fin más que mantener feliz a los funcionarios de alto rango y a la élite del país a costa del sufrimiento de la mayoría.

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